Nacer niño o niña no depende de nosotros. La sexualidad, en cambio, tiene que ver con las sensaciones, emociones, con el modo de relacionarnos... con la forma de ser-en-el-mundo. En este sentido, la sexualidad trasciende al propio sexo.
La identidad sexual es la convicción personal y privada que tiene el individuo sobre su pertenencia al sexo masculino o femenino.
Por otro lado, el rol o papel sexual es la expresión de la masculinidad o feminidad de un individuo según las reglas establecidas por la sociedad.
De esta manera, pedemos decir que desde la concepción su hijo o hija tiene un sexo definido pero está desarrollando su manera de ser en el mundo masculina o femenina; está desarrollando su sexualidad.
Un poco de historia.
Antes de la obra de Sigmund Freud y de los primeros sexólogos de comienzos del siglo XX, se estimaba que la sexualidad infantil o no existía o era un tema relegado por los peligros que representaba y por su cualidad pecaminosa (Sullivan, 1979). Luego, hasta hace pocas generaciones el miedo a la represión creó un énfasis exagerado de los adultos en la sexualidad, que tampoco tiene en cuenta el curso normal de la misma. En la actualidad, estas opiniones antagónicas todavía subsisten.
Hay padres a los que les cuesta aceptar que sus hijos manifiesten cualquier tipo de interés o comportamiento sexual y lo consideran una anormalidad. Otros no saben cómo encarar la cuestión, y otros, sufren ellos mismos disfunciones sexuales. Por otro lado, hay padres que hablan permanentemente de sexo y alardean, a menudo en forma poco genuina, de una sexualidad libre que excede los intereses del niño y lo erotizan de forma poco natural.
Evidentemente, ninguna de estas aproximaciones al tema es conveniente ya que puede incidir negativamente en el futuro del niño. Afortunadamente, hay padres más tolerantes que ven la sexualidad infantil como un hecho natural y educan en el punto medio entre los extremos de la represión total y el énfasis desmedido en la sexualidad. Estos padres acompañan y previenen el desarrollo de la sexualidad de sus hijos. El conocimiento de los determinantes y las pautas clásicas de desarrollo sexual durante la niñez, es clave para que los padres ayuden a sus hijos a aceptar la sexualidad sin traumas ni precipitaciones.
Determinantes de la conducta sexual.
Existen varios factores que determinan la conducta sexual: - factores biológicos (cromosomas sexuales X-Y, hormonas sexuales, anatomía sexual y características sexuales secundarias); - factores psicológicos; y - factores sociales. Estos dos últimos factores empiezan a influir en el momento del nacimiento y siguen haciéndolo por el resto de nuestra vida. Son varias las teorías (teoría del aprendizaje, cognitivo-evolutiva, interacción biosocial, etc.) que intentan explicar cómo el niño va desarrollando su identidad como niño o niña en función de éstos factores. Pero este punto trasciende al alcance de este artículo.
Breve reseña del desarrollo sexual en el primer año de vida (Masters & Jonson, 1987. “La sexualidad humana”).
Los reflejos sexuales se producen ya desde el momento mismo del nacimiento y probablemente en la fase de gestación. Pero luego del nacimiento, la sexualidad del bebé comienza a basarse fundamentalmente en la placentera intimidad entre los padres y el pequeño, a través de los mimos, caricias y abrazos. Este lazo entre los padres y la criatura empieza al dar a luz la madre y se prolonga en el curso de operaciones tales como la lactancia, el baño, el vestir al pequeño y otras actividades que refuerzan este vínculo. La carencia de este vínculo temprano de intimidad materna y afecto puede provocar problemas para establecer una relación afectiva estrecha con otras personas más tarde (esto podría incluir la sexualidad).
Los niños de muy corta edad responden de forma muy espontánea con señales de excitación sexual a los múltiples focos de sensaciones físicas. Por ejemplo, es corriente que los bebes varones tengan erecciones mientras la madre los amamanta, y también las niñas lactantes pueden lubricarse vaginalmente indicando que la pauta afecta a ambos sexos. Lo mismo puede suceder al bañar al bebe, espolvorearlo, cambiarle los pañales o acariciarlos. Pero el niño no es conciente del contacto por lo cual no puede decirse que se produzca un despertar erótico sociosexual.
Los lactantes, niños o niñas, empiezan a tocarse o frotarse los genitales tan pronto como son capaces de coordinar los movimientos. En ocasiones estos toques originan orgasmos en niños que todavía no cumplen el año. Parecería que los niños se tocan procurando un genuino placer que los induce a repetir la autoestimulación (más que tocarse como se tocan otras partes del cuerpo).
En el 3 o 4 mes de vida, la estimulación se acompaña de sonrisas y retozos. Y al cumplir 1 año, el juego con los genitales es un rasgo común cuando el bebé está desnudo o se le baña. Es interesante que estos tocamientos se dan más frecuentemente en niños criados en una familia que en hospitales por lo cual se puede deducir una vez más que el vínculo de los padres con el hijo desempeña un papel de primer orden en el desarrollo ulterior de la sexualidad.
Pautas.
Teniendo en cuenta lo expuesto más arriba, durante esta etapa el aprendizaje sexual del niño estará en función de la reacción de los padres: los que se sorprenden o reprueben el hecho son propensos a reaccionar de una forma que traducirá sus sentimientos negativos al pequeño, mientras que los que reaccionan con tranquilidad transferirán al niño un mensaje de aceptación relativo al sexo. Más adelante abordaremos etapas subsiguientes y otras pautas a seguir.
Más información