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Ya hacía poco más de dos años que estábamos casados. Nos habíamos casado con 22 y 23 años, jóvenes, justamente para disfrutar de un poco de libertad antes de la llegada de los hijos.
”Es hora”, nos dijimos. Ese mes nos dejamos de cuidar. Estábamos seguros que era simple el camino: no utilizar anticonceptivos es igual a embarazo. Es más, programamos hasta la fecha para que nuestro bebé naciera en determinado mes... Qué ilusos! Todo lo que nos tocó vivir después nos demostró que un hijo es mucho más que el mes en el que nazca, hay que agradecer inmensamente que venga, simplemente!
Claro está que ni ése mes ni los siguientes, faltó la regla. Siempre allí, al firme, aparecía en el momento menos indicado anunciándonos que ése mes no sería ”el mes”. Luego de pasados algunos meses y ya cuando nos entró la desesperación por saber qué estaba ocurriendo, decidimos visitar al ginecólogo. Estudios de sangre, de orina, etc. Todo bien. Todo normal. Seguir intentando y si no, volver en tres meses.
A los tres meses, nuevamente nos enfrentamos a él, escritorio de por medio. Esta vez, comenzaría a tomar citrato de clomifeno (genozym) para incentivar la ovulación. Esto debe de ser acompañado por ecografías transvaginales (de dos a cuatro por ciclo) para ver cuántos óvulos se formaron y si efectivamente se produce la ovulación. Nuevamente, varios ciclos con clomifeno, y todo bien. Todo normal.
En medio de todo esto, las amistades y la familia con las clásicas preguntas: ”Y...? Para cuándo?”. Aún no nos habíamos decidido a hablar de todo esto, todavía lo manteníamos en nuestra intimidad. Había pasado un año.
Nuevamente al ginecólogo. Debía hacerme un estudio para comprobar que mis trompas eran permeables (se llama histerosalpingografía). Le dije a mi marido que me acompañara, así luego me llevaba al trabajo. No fue un estudio gracioso, y sí fue lo suficientemente molesto como para desistir de ir luego al trabajo. Me fui a mi casa. Mis trompas eran permeables. Todo bien. Todo normal.
El ginecólogo nos dio pase a otro ginecólogo, un poco más especializado en infertilidad. A la primer consulta, me pregunta si mis reglas eran dolorosas. Sí que lo eran! Había sufrido terriblemente con eso durante años y cada vez el dolor se fue acrecentando hasta incluso tener que inyectarme remedios para calmarlo. Me dijo que eso podía ser señal de que tuviese Endometriosis. Nunca había oído hablar de ésa enfermedad. Pero al parecer es mucho más común de lo que la gente supone. Allí mismo arregló para operarme a los dos días. Me operaron por laparoscopía. Tenía endometriosis leve. Luego de la operación, debía seguir un tratamiento hormonal por 6 meses, cuyos medicamentos me quitaban la regla todo ese tiempo.
Aparte de engordar un poco, dolores de cabeza y otros malestares que se fueron tornando tolerables con el paso del tiempo, no sufrí mucho más. Fueron una especie de ”vacaciones” para nosotros, no pensar tanto en el bebé que no llegaba. Cuando terminé el tratamiento, el médico me recetó nuevamente citrato de clomifeno y dijo que si en tres meses no quedaba, debía volver. Estábamos felices de, al menos, haber encontrado ”un error” en todo, tal vez fuese la endometriosis que tenía lo que impedía el embarazo!
A los tres meses volví. La regla seguía apareciendo. Nuestras ilusiones se hacían pedazos. Ya no quedaba mucho más de aquella energía inicial. Hay que entender que todo éste proceso de infertilidad, análisis clínicos, molestias, efectos secundarios, conllevan la difícil tarea de combinarlos con la vida de todos los días: la casa, el trabajo, las cuentas, la familia, los amigos y sobre todo la pareja, cuyas relaciones sexuales pasan a ser una simple obligación donde la fecha y la hora son estipuladas de antemano por una tercer persona que es el médico. Y además el tiempo sigue pasando... Ya llevábamos dos años!
Esta vez, me mandó hacerme un estudio post-coital. Mi esposo es bastante tímido, así que imagínense lo que para él era llevar el semen en un frasquito, resguardado de la temperatura ideal, a la clínica para efectuarse primero los espermogramas (se hizo tres en total, todos normales) y luego con los estudios post coitales, donde el semen que no debe de tener más de 8-10 hs de depositado en la vagina, debe de ser aspirado y analizado, para saber si los espermatozoides ”viven” dentro del útero o si hay algún mecanismo en la mujer que los pueda matar o inmovilizar.
Los tres estudios post-coitales que me hicieron, a lo largo de 3 meses, dieron que los espermatozoides estaban inmovilizados. Se descartó mediante otro estudio algún tipo de infección del moco cervical y el médico comenzó a hablar de FIV (Fertilización in Vitro). Claro que esos tratamientos no los cubre nuestra sociedad médica, y su costo oscila en los cinco mil dólares por intento. O sea que sumado a la presión que vivíamos hacía más de dos años, había que agregarle el extra de la presión económica. Era demasiado. Ese día me fui del consultorio y le dije a mi marido que no iba a hacer más nada, que quería recuperar mi vida. Sentía que ya no era dueña de mis días, de mis fines de semana, de nada. Todo era tan planeado. Un domingo, un feriado, y nos tocaba una ecografía transvaginal, un estudio post coital, o lo que sea. No éramos dueños de nosotros mismos.
Decidimos no hacer nada por un mes, en el fondo con la esperanza de que la naturaleza nos sorprendiera y ése mes, por arte de magia, viniera nuestro bebé. Pero claro, no fue así. Hubiera sido de Cuentos de Hadas a estas alturas, no?!
Cambiamos de médico nuevamente, y esta vez nos sugirió intentar la ovulación con inyectables (Pergonal) que son los que se usan para las inseminaciones artificiales, en vez de seguir con citrato de clomifeno. Así que me tocó darme alrededor de 10 inyecciones, una por día, antes de irme a trabajar. La idea era hacernos un post-coital e intentar una inseminación artificial si ameritaba.
Enorme fue nuestra sorpresa cuando el test post coital fue excelente, incluso pudimos ver a los espermatozoides nadar en el flujo que se sacó de muestra! Fue emocionante y sorprendente. Resulta que el citrato de clomifeno si bien tiene el efecto de hacer ovular, también puede ”secar” el moco cervical e impedir que los espermatozoides puedan nadar, ése era el motivo de los 3 test post coitales negativos!
Con el test post coital positivo, no era necesria la inseminación, así que intentamos por vía natural... y a las dos semanas, las cosas cambiaron radicalmente para nosotros. Yo ya había perdido las esperanzas de ver dos rayitas en los test de embarazo, así que mandé al baño a leer el resultado a mi marido, mientras yo me preparaba para ir a dormir. Pero él no venía a la cama. Me asomé y nunca me voy a olvidar de su cara, se empezó a reír, yo también, nos reíamos, no llorábamos, sólo nos reíamos. Las dos rayitas rojas y brillantes estaban ahí.
Hoy estoy de 20 semanas de embarazo... y aún nos resulta increíble!!
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